Voy a relatar el día que me hice un
piercing en el labio.
Fue un miércoles, un jodido miércoles, que hacía calor, y me aburría en clase.
Llevaba días preguntando por cuándo les habían costado a todos los piercing en el labio (con todos me refiero a todos los que conozco que tienen, véase Héctor, María...) y rayando mucho. A pesar de que mi queridísima capulla Patricia decía que no me lo hiciera, que me iba a quedar fatal.
Héc nos propuso acompañarme a la tienda (Chemical Tatoo, o algo así).
Nos quedamos por ahí Add, él y yo tranquilamente hablando, y a Héc se le ocurrió la genialosa idea de ir esa tarde. Yo tenía el dinero, él y Add la tarde libre...perfecto.
Mi madre dijo que le preguntase a mi padre. Me recomendó que esperase a que me quitasen los braquets: buen consejo número uno. No hice caso. Llamé a mi padre, que no se opuso, pero me dijo que no le gustaba mucho la idea.
Cogí el dinero, entre otras cosas que tuvimos que hacer, y me piré.
Se tardaba como cuarenta y cinco minutos en ir.
Me dijeron que no me lo hacía, que tenía que rellenar un papel. Bien. Lo relleno. No tenia firma de mis padres. Guay.
"Vienes mañana con tus padres y ya." todos decían. Buen consejo número dos.
PUES NO.
Cuando yo me empeño en algo, difícil es quitármelo de la cabeza. Así que fuimos a mi casa, me firmó el papel mi padre. Todos felices. Volvimos a las tantas los mismos, esta vez con Lucía.
Blablablaaaa....
Me hicieron el piercing. (el tío que me lo hizo era la puta monda, por cierto.)
Lo que viene siendo cuando me lo hice, tuve que subir unas escaleras, había gente sentada en un sofá, hicieron fotocopia a los papeles....y me llamo el chaval este, que era bajito, petado de piercing y super gracioso, no sé, inspiraba confianza. Parecía buen chaval. Oh, también tenía muchos tatuajes. Me metieron en una sala pequeñísima, super tétrica, llena de agujas, tijeras, gasas y de todo (en bolsitas, claro, que quieras que no, el sitio era higiénico), me hizo sentarme en una camilla, me preguntó dónde lo quería, me desinfectó, me hizo un puntito con un rotu, cogió una aguja, me la clavó, me la dejó clavada, fue a por el piercing, me quitó la aguja, me puso el piercing... y ya. Lo cuento rápido para que os sintáis más o menos como yo, porque todo sucedió muy rápido.
La cuestión... llego abajo... y la tía que me cobra:
-No paraba de preguntarme si estaba bien, o mareada, etc.
-Me quito los 20€ y luego me preguntó si de verdad se los había dado. Dios, ¿tengo pinta de ladrona?
Me rayé mucho, por aquello de preguntarme si debería estar mareada.
Al salir, yo estaba happy, casi ni hablaba, porque me daba miedo, y eso, no sé, daba mal rollito.
Cuando les conté lo que me hicieron, empecé a marearme. Fue uno de estos días que no comía, sólo bebía agua, y me pasaba el día fuera... Así que me bajó el azúcar.
Fuimos al McDonals y me compré una coca cola. ¿Felicidad~? Pues no:
-Me costaba beber
-Se la bebieron los demás.
Salimos fuera, y yo cada vez peor. Casi me desmayo, y tal. Add se había comprado unas patatas, para llevar, así que me dieron la bolsita, y "devolví" (porque vamos, simplemente el trago de cocacola que había tomado).
En el metro ya se me había pasado, pero justo llegamos a la línea donde más gente se sube. Yo estaba VERDE.
Devolví en el metro, ¡¡¡yujuu!!!
Al final acabamos volviendo en taxi, un taxista joven y majo, por cierto, que me dijo:
-A ver que te has tomado.
Buenísimo. Lo amé.
Cené, y fui muy feliz hablando con Alex.
Ahora estoy happy, por aquello de que no me da casi problemas. Pronto me lo cambiaré y me pondré la cadenita... Ahora solo me tengo que hacer los de las orejas. Yiiijaaaa.